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	<title>Sebastián Villanueva &#187; Sebastián Villanueva |  &#187; duelo</title>
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	<description>Psicólogo Legitimado &#124; Terapia Gestalt</description>
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		<title>LA HISTORIA MÁS IMPORTANTE DE MI VIDA. CAPÍTULO SIETE: CARTA DE PAPÁ</title>
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		<pubDate>Thu, 26 Mar 2015 11:34:02 +0000</pubDate>
		<dc:creator><![CDATA[Sebastián Villanueva Macías]]></dc:creator>
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				<content:encoded><![CDATA[<p><span style="font-family: Century Schoolbook L,serif;">La pérdida de un ser querido, la muerte, la ruptura de la realidad, la creación a base de mucho esfuerzo de una nueva realidad, todo eso hemos vivido las personas que hemos atravesado un duelo. El duelo es ese proceso de adaptación a la pérdida. Yo quiero compartir con vosotros mi proceso, y cómo viví esos cambios que se produjeron en mí y en mi familia. Quizá estés atravesando ahora ese difícil camino. Y puede que te ayude. Esa es la finalidad de esta historia. Ayudarte para hacértelo más fácil.</span></p>
<p>LA HISTORIA MÁS IMPORTANTE DE MI VIDA: CAPÍTULO SIETE. CARTA DE PAPÁ</p>
<p class="western" align="justify"><span style="font-family: Century Schoolbook L,serif;"><i>Hola, hijo:</i></span></p>
<p class="western" align="justify">”<span style="font-family: Century Schoolbook L,serif;"><i>Hola, hijo”. Sé que hubieses querido que empezara la carta con un ”Hola, Sebastián”, porque te gusta como suena tu nombre cuando yo lo digo, verdad? Pero después de haber estado pensando durante un buen rato cómo dirigirme a ti, me ha salido eso de ”Hola, hijo”. Claro que, también hay que matizar lo de ”un buen rato”. Porque aquí, en este NO-espacio en el que NO-vivo, éso del tiempo es muy relativo. Y yo los ratos, los mido gracias a mi memoria. Eso aún no me falla.</i></span></p>
<p class="western" align="justify"><span style="font-family: Century Schoolbook L,serif;"><i>Para mi un rato es el tiempo que pásabamos ordenando las 5 mil piezas del puzzle que nos habíamos decidio a empezar por fin. Ya sabes que antes de nada, hay que seleccionarlas bien. Lo primero que vamos a hacer es buscar las piezas de las cuatro esquinas y las de los bordes. No necesitamos pensar en nada más. Ni en colores, ni en formas, ni si encajan o no. Basta con separarlas todas. Paciencia, ten paciencia, que la paciencia es la madre de todas las ciencias. Y sobre todo, concéntrate. Sólo tienes que prestar atención a los bordes lisos. Olvídate de los demás. Es lo que los psicólogos llamáis Atención Selectiva. Me equivoco? He aprendido mucho de psicología escuchándote estos últimos once años. </i></span></p>
<p class="western" align="justify"><span style="font-family: Century Schoolbook L,serif;"><i>Separar todas las piezas nos llevaba ”un buen rato”, te acuerdas? </i></span></p>
<p class="western" align="justify"><span style="font-family: Century Schoolbook L,serif;"><i>Pues ”un buen rato” fue lo que me llevó a mí a decidirme cómo empezar esta carta. ”Hola, hijo”. </i></span></p>
<p class="western" align="justify"><span style="font-family: Century Schoolbook L,serif;"><i>Y ahora, cuando debería cobrar sentido decir eso de, lo más difícil es empezar, ocurre todo lo contrario. Lo más fácil ha sido empezar. Seguir es lo difícil. </i></span></p>
<p class="western" align="justify"><span style="font-family: Century Schoolbook L,serif;"><i>Y sé que para ti también, seguir fue lo difícil.</i></span></p>
<p class="western" align="justify"><span style="font-family: Century Schoolbook L,serif;"><i>Por eso me acerqué muchas veces a ti. No todas las que me necesitabas. Pero sí muchas. La primera, mi primer Día de Reyes sin vosotros. </i></span></p>
<p class="western" align="justify"><span style="font-family: Century Schoolbook L,serif;"><i>Habíais llenado el salón de cajas, golosinas, cartas e ilusión. Habías hecho creer a los niños, que el Rey Mago acaba de saltar por la ventana, y enganchaste a una reja la capa de un viejo disfraz que mamá guardaba en la azotea. Los niños no dudaron que fuera verdad. Siempre han creído en la magia gracias a ti. Justo que abriste la puerta del salón y los viste correr hacia la ventana, por si aún estaban a tiempo de ver al Rey saltar, yo pasé detrás de ti. Me sentiste? Fui un soplo. Un soplo frío. </i></span></p>
<p class="western" align="justify"><span style="font-family: Century Schoolbook L,serif;"><i>Yo creí que me habías sentido. Porque miraste hacia atrás y no encontraste nada. </i></span></p>
<p class="western" align="justify"><span style="font-family: Century Schoolbook L,serif;"><i>Los niños gritaban mientras abrían sus regalos. Había cientos, qué digo cientos, miles!!! Cuánto más reían ellos, más grande se te hacía el agujero en la barriga. Era tan grande, que si en ese momento los niños hubiesen mirado hacia ti, habrían podido ver a tu madre, su abuela, a través de él, limpiándose las lágrimas en el pasillo. </i></span></p>
<p class="western" align="justify"><span style="font-family: Century Schoolbook L,serif;"><i>Entonces yo, desde este NO-espacio en el que NO-vivo, soplé con fuerza hacia el agujero, y mi aliento lo cerró un segundo antes de que el dolor hiciese que te desmayases. Entonces, pudiste reir y jugar con los niños. </i></span></p>
<p class="western" align="justify"><span style="font-family: Century Schoolbook L,serif;"><i>Esa fue la primera vez que fui a visitarte. Y también la primera vez que supe que desde aquí, podía seguir haciendo cosas por ti. </i></span></p>
<p class="western" align="justify"><span style="font-family: Century Schoolbook L,serif;"><i>La última tarde de mi vida, la tarde que viniste a despedirte de mí, yo no quería morirme. No sólo no quería morirme, es que no quería dejar de estar vivo. Hay una diferencia enorme, que espero que tardes mucho en descubrir. Esa tarde te sentaste junto a la cama del hospital donde yo ya casi no podía respirar. Sé que el olor que salía de mi boca era el olor más desagradable que habías olido nunca. El olor de mi estómago podrido. De la muerte. Que era lo único que quedaba de mí. Acercaste tu cara a mi oído izquierdo. Tomaste mi mano, y dijiste:</i></span></p>
<p class="western" align="justify"><span style="font-family: Century Schoolbook L,serif;"><i>- Papá, deja de luchar. Todo está bien. Todo va a estar bien.</i></span></p>
<p class="western" align="justify"><span style="font-family: Century Schoolbook L,serif;"><i>Yo quería creerte, Hijo. Tenía tantas ganas de creerte. Pero no podía. </i></span></p>
<p class="western" align="justify"><span style="font-family: Century Schoolbook L,serif;"><i>- Papá. No sigas luchando más. Ya has luchado todo lo que has podido. Y nosotros estamos muy contentos por ti. Y muy orgullosos de todo lo que has hecho por nosotros.</i></span></p>
<p class="western" align="justify"><span style="font-family: Century Schoolbook L,serif;"><i>Hijo. Yo quería creerte. Tenía tantas ganas de creerte.</i></span></p>
<p class="western" align="justify"><span style="font-family: Century Schoolbook L,serif;"><i>- Papá. Ahora vas a cerrar los ojos y vas a descansar, de acuerdo? No sé si hay una luz al fondo de un pasillo. No sé si ves o no algo. Pero sea lo que sea que estés viendo, Papá, ve hacia allá. Porque, sabes una cosa? Justo detrás está Mamá esperándote. Y estamos también nosotros, Papá, tus hijos. Y ya no hará frío ni estarás solo, Papá.</i></span></p>
<p class="western" align="justify"><span style="font-family: Century Schoolbook L,serif;"><i>Y entonces te creí. Porque nadie que te conozca puede no creer en la magia. </i></span></p>
<p class="western" align="justify"><span style="font-family: Century Schoolbook L,serif;"><i>- Te quiero, Papá.</i></span></p>
<p class="western" align="justify"><span style="font-family: Century Schoolbook L,serif;"><i>Eso fue lo último que me dijiste. Creías que no lo había oido? Sí lo oí, Hijo. Lo oí perfectamente. Te vi salir llorando, y quise correr detrás y decirte ”Espérate, Hijo mío. Dame un abrazo!!!!” Pero no pude hacerlo. La muerte en mi estómago pesaba mucho y mi cuerpo era ya demasiado pequeño para llevarme hacia ti. </i></span></p>
<p class="western" align="justify"><span style="font-family: Century Schoolbook L,serif;"><i>Te vi salir llorando.</i></span></p>
<p class="western" align="justify"><span style="font-family: Century Schoolbook L,serif;"><i>Supe que esa era la última vez que te veía. Y lloré. Lloré como llora alguien que está podrido por dentro. Esperé que tu Madre volviera a la habitacióny me dispuse a pasar mi última noche con ella. Te hice caso, Hijo mío. No luché. Dejé que tu madre me agarrase fuerte la mano. Ella no quería perderme. Ella quería que yo me quedase aunque fuese siempre así, podrido y sin carne. Ella pensaba ”No me dejes sola. Por favor, no me dejes sola”</i></span></p>
<p class="western" align="justify"><span style="font-family: Century Schoolbook L,serif;"><i>Pero yo sabía que no estaba sola. Lo sabía porque tú me lo habías dicho. Lo sabía porque te creí. Lo sabía porque te oí cuando me lo susurratse al oído. Yo sabía que no estaba sola.</i></span></p>
<p class="western" align="justify"><span style="font-family: Century Schoolbook L,serif;"><i>Por eso no tuve miedo de irme. </i></span></p>
<p class="western" align="justify"><span style="font-family: Century Schoolbook L,serif;"><i>Fue un poquito más fácil cuando supe que ya no había que luchar. Fue un poquito más fácil, cuando sentí que queríais dejarme ir. </i></span></p>
<p class="western" align="justify"><span style="font-family: Century Schoolbook L,serif;"><i>Lástima que no pude salir detrás de ti la tarde que viniste a despedirte de mí, porque te hubiese abrazado fuerte y te hubise dicho, ”Te quiero, Sebastián”. </i></span></p>
<p>FIN DE LA PRIMERA PARTE</p>
<p>&nbsp;</p>
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		<title>LA HISTORIA MÁS IMPORTANTE DE MI VIDA: CAPÍTULOS CINCO Y SEIS</title>
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		<pubDate>Mon, 23 Mar 2015 06:25:19 +0000</pubDate>
		<dc:creator><![CDATA[Sebastián Villanueva Macías]]></dc:creator>
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		<description><![CDATA[La pérdida de un ser querido, la muerte, la ruptura de la...]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<p class="western" align="justify"><span style="font-family: Century Schoolbook L,serif;">La pérdida de un ser querido, la muerte, la ruptura de la realidad, la creación a base de mucho esfuerzo de una nueva realidad, todo eso hemos vivido las personas que hemos atravesado un duelo. El duelo es ese proceso de adaptación a la pérdida. Yo quiero compartir con vosotros mi proceso, y cómo viví esos cambios que se produjeron en mí y en mi familia. Quizá estés atravesando ahora ese difícil camino. Y puede que te ayude. Esa es la finalidad de esta historia. Ayudarte para hacértelo más fácil</span></p>
<p class="western" align="justify"><span style="font-family: Century Schoolbook L,serif;">CAPÍTULO CINCO: UNA PALOMA</span></p>
<p class="western" align="justify"><span style="font-family: Century Schoolbook L,serif;">Un mensaje atado puede traer buenas o malas noticias. Para mi hermana Paloma, cualquier noticia era siempre buena. Porque mi hermana Paloma hace buenas las noticias malas. Muchas veces en mi vida me he preguntado cuándo empezaría mi hermana a guardar buenas noticias. </span></p>
<p class="western" align="justify"><span style="font-family: Century Schoolbook L,serif;">Éramos muy pequeños. Aún sólo habíamos nacido ella y yo. Vivíamos en un modesto piso de 70 metros cuadrados. Pero yo era tan feliz, que creía vivir en un castillo enorme, rodeado de un hermoso jardín donde solíamos jugar al escondite. A veces jugaba solo. Y nadie me encontraba. Nadie me buscaba tampoco. Ni yo mismo era capaz de encontrarme. A veces me perdía. Quizá aún siga allí. Perdido en el jardín del castillo donde creía estar viviendo. </span></p>
<p class="western" align="justify"><span style="font-family: Century Schoolbook L,serif;">Éramos muy pequeños Paloma y yo. Los viernes eran siempre una fiesta. Papá pasaba toda la semana trabajando fuera, y los viernes por la tarde volvía cargado de regalos. Yo no quería regalos. Quería tocar sus manos y oler su barba. </span></p>
<p class="western" align="justify"><span style="font-family: Century Schoolbook L,serif;">Mi hermana Paloma volaba por el salón moviendo la lámpara que alumbraba la mesa donde yo dibujaba. Yo no sabía volar. Por eso la única forma que tenía de verlo todo desde arriba, era esperar a los viernes por la tarde cuando mi Padre me alzaba en brazos. Y tocaba sus manos. Y olía su barba. </span></p>
<p class="western" align="justify"><span style="font-family: Century Schoolbook L,serif;">Aunque yo miraba muchas veces a mi hermana volar, aunque pareciese que yo deseaba ser como ella, en silencio, yo guardaba un secreto. Un secreto que estoy a punto de no llevarme a la tumba. Yo era el niño más feliz del mundo cuando ella volaba sobre nuestras cabezas, sobre la de mi Padre y la mía, meintras mi Madre cantaba una copla en la cocina, y las manos de mi Padre me enseñaban que para que todas las piezas de un puzzle encajen, uno debe tener paciencia. Y yo pensaba, sigue volando, Paloma, no bajes nunca, sigue volando. </span></p>
<p class="western" align="justify"><span style="font-family: Century Schoolbook L,serif;">Yo sé que ella me oía. Porque muchas veces en nuestras vida hemos hablado sin hablar.</span></p>
<p class="western" align="justify"><span style="font-family: Century Schoolbook L,serif;">El vuelo de mi hermana Paloma tampoco se detuvo el día que lloraba, pensando eso de Papá se muere. La Paloma rabiosa vio sus lágrimas caer y hacer un charco entre sus patas, y se alzó otra vez con fuerza. No había lámpara en este salón ni puzzle bajo sus alas. Ya no había barba que oler ni escondite donde refugiarse de mí. Ella fue la única capaz de verlo todo desde arriba. Y desde arriba pudo ver también un toro, un toro bravo que pastaba y agitaba su arboladura mientras pensaba, no, no, no y no. Ese toro era mi hermano pequeño. </span></p>
<p class="western" align="justify">
<p class="western" align="justify"><span style="font-family: Century Schoolbook L,serif;">CAPÍTULO SEIS: UN TORO</span></p>
<p class="western" align="justify"><span style="font-family: Century Schoolbook L,serif;">Mi hermano pequeño es grande. Él es más grande que yo. Él sabe montar en bici. Montar en moto. Jugar al fútbol. Él es un toro que sabe torear. </span></p>
<p class="western" align="justify"><span style="font-family: Century Schoolbook L,serif;">Mi hermano pequeño era un toro bronco, que coceaba ante cualquier amenaza. Algo ocurrió entonces, que en esta historia que se nos vino encima aquel mes de junio, se amosquiló tanto en la barrera, que por primera vez en su vida temió ser lidiado.</span></p>
<p class="western" align="justify"><span style="font-family: Century Schoolbook L,serif;">Yo muchas veces le tuve miedo, y es que sus embestidas hacían grande mi cobardía. Por eso yo, muchas veces, lo citaba desde muy cerca, para que así éstas fuesen más cortas, y justo ahí, calarle la puya en el lomo. </span></p>
<p class="western" align="justify"><span style="font-family: Century Schoolbook L,serif;">Él se defendía con bravura, piteaba y hocicaba a la vez. Y yo, casi siempre, retrocedía. Porque yo, yo no sabía torear. </span></p>
<p class="western" align="justify"><span style="font-family: Century Schoolbook L,serif;">El día que mi Padre empezó a morirse, mi hermano, que tiene la suerte de llamarse como él, José María, recibió una estocada delantera en la cerviz. No vio llegar al matador. Ninguno lo vimos llegar. </span></p>
<p class="western" align="justify"><span style="font-family: Century Schoolbook L,serif;">La plaza hervía al ver al torero alzarse victorioso ante la batalla. El estoque, profundo y sin el más mínimo atisbo de misericordia, enfriaba la sangre de mi hermano que, derrengado, inclinaba sus patas delanteras en una suerte de despedida. </span></p>
<p class="western" align="justify"><span style="font-family: Century Schoolbook L,serif;">El día que mi Padre empezó a morirse, el toro que era mi hermano, cabeceó con fuerza y vio justo en frente de él una Pata, una Paloma, un Tiburón y una Cabra. Ya no eran una presencia amenazadora. Ya no hacía falta hacernos creer que era el más fuerte. El lomo del toro que era mi hermano, cicatrizó milagrosamente, dejando el estoque dentro, para que la herida no se le olvidase nunca. Para que ahora sí, todos tuvieran una razón para indultarlo. Porque su lucha en esta corrida, fue la priemra lucha con sentido que sus astas acometían. </span></p>
<p class="western" align="justify"><span style="font-family: Century Schoolbook L,serif;">Entonces ahí, en ese ruedo, una Pata, una Paloma, un Tiburón, un Toro y una Cabra, se miraron a los ojos. </span></p>
<p class="western" align="justify"><span style="font-family: Century Schoolbook L,serif;">La Cabra dijo, yo no voy. Tú vienes, dijo el Tiburón.</span></p>
<p class="western" align="justify"><span style="font-family: Century Schoolbook L,serif;">La Pata dijo, voy yo sola. Vamos todos, dijo el Tiburón.</span></p>
<p class="western" align="justify"><span style="font-family: Century Schoolbook L,serif;">El Toro dijo, a qué esperamos? A estar listos, dijo el Tiburón.</span></p>
<p class="western" align="justify"><span style="font-family: Century Schoolbook L,serif;">La Paloma dijo, venga, sin miedo. Llevemos también el miedo, dijo el Tiburón.</span></p>
<p class="western" align="justify"><span style="font-family: Century Schoolbook L,serif;">Yo no lo dije, porque nadie querría haberlo escuchado. Yo no lo dije, porque no hubiese hecho ningún bien diciéndolo. Yo no lo dije, porque pensé que todos ya lo pensaban. Yo no lo dije, me lo tragué. Me lo tragué sin masticarlo y se hizo tan grande dentro de mí, que desde ese mismo momento, siempre necesité cuidar mi estómago a base de ranitidina. Yo no lo dije, pero lo pensé. Yo en ese momento pensé: Estamos perdidos.</span></p>
<p class="western" align="justify"><span style="font-family: Century Schoolbook L,serif;">Las puertas del redil se abrieron. Había una inmensidad oscura detrás. Una Pata, una Paloma, un Tiburón, un Toro y una Cabra, salieron en busca del animal que les había dado la vida. </span></p>
<p class="western" align="justify"><span style="font-family: Century Schoolbook L,serif;">Un León.</span></p>
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		<title>LA HISTORIA MÁS IMPORTANTE DE MI VIDA: CAPÍTULO CUATRO</title>
		<link>http://www.sebastianvillanueva.com/la-historia-mas-importante-de-mi-vida-capitulo-cuatro/</link>
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		<pubDate>Thu, 19 Mar 2015 05:09:52 +0000</pubDate>
		<dc:creator><![CDATA[Sebastián Villanueva Macías]]></dc:creator>
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		<category><![CDATA[Psicología]]></category>
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		<description><![CDATA[La pérdida de un ser querido, la muerte, la ruptura de la...]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<p class="western" align="justify">La pérdida de un ser querido, la muerte, la ruptura de la realidad, la creación a base de mucho esfuerzo de una nueva realidad, todo eso hemos vivido las personas que hemos atravesado un duelo. El duelo es ese proceso de adaptación a la pérdida. Yo quiero compartir con vosotros mi proceso, y cómo viví esos cambios que se produjeron en mí y en mi familia. Quizá estés atravesando ahora ese difícil camino. Y puede que te ayude. Esa es la finalidad de esta historia. Ayudarte para hacértelo más fácil.</p>
<p class="western" align="justify"><span style="font-family: Century Schoolbook L,serif;">CAPÍTULO CUATRO: UNA PATA</span></p>
<p class="western" align="justify"><span style="font-family: Century Schoolbook L,serif;">Atravesar un río de lava hirviendo, le pareció en ese momento a mi Madre más sencillo que enfrentarse a seis letras. CÁNCER. Pepita la Pata, como era conocida en su pueblo desde que existe en él la memoria, pulsó el botón de PAUSA de su vida el segundo en el que el oncólogo le extendía el documento escrito que acreditaba que su marido se moría. Y retrocedió en busca de una respuesta. Y la encontró. Pero no para la pregunta que se estaba haciendo. </span></p>
<p class="western" align="justify"><span style="font-family: Century Schoolbook L,serif;">Encontró la respuesta detrás del mostrador de una faramacia donde muchos años atrás ella trabajaba. Por aquel entonces, las farmacias no eran farmacias sino boticas. Y encontró la respuesta viéndolo pasar por delante de la puerta por tercera o cuarta vez en sólo dos minutos. Él no era del pueblo. Era de Madrid. Entonces no ser del pueblo era ser extranjero. Así que él era extranjero. Y a Pepita la Pata le pareció tan guapo. </span></p>
<p class="western" align="justify"><span style="font-family: Century Schoolbook L,serif;">El extranjero era mi Padre. Hacía tan sólo tres semanas, enfrascado en la fabricación y el montaje de un equipo de conmutación, su jefe en la empresa Standard Electrónica para la que trabajaba, se le había acercado por detrás y entregándole una nota, le había preguntado:</span></p>
<p class="western" align="justify"><span style="font-family: Century Schoolbook L,serif;">- Villanueva, te gustan las andaluzas?</span></p>
<p class="western" align="justify"><span style="font-family: Century Schoolbook L,serif;">Mi padre leyó la nota. </span></p>
<p class="western" align="justify">”<span style="font-family: Century Schoolbook L,serif;">DESTINO: Ubrique. Cádiz”</span></p>
<p class="western" align="justify"><span style="font-family: Century Schoolbook L,serif;">Y mirando a su jefe, dijo:</span></p>
<p class="western" align="justify"><span style="font-family: Century Schoolbook L,serif;">- Todas?</span></p>
<p class="western" align="justify"><span style="font-family: Century Schoolbook L,serif;">Ahora ya no eran todas sino una, Pepita la Pata, la que provocaba ese hormigueo en su barriga que no había conocido nunca antes. </span></p>
<p class="western" align="justify"><span style="font-family: Century Schoolbook L,serif;">Justo cuando estaba a punto de desistir, justo cuando creía que hoy tampoco encontraría una razón para entrar en la farmacia y hablar con ella, mi Padre, que entonces sólo era el joven extranjero y apuesto, leyó un anuncio en el escaparate que decía:</span></p>
<p class="western" align="justify">”<span style="font-family: Century Schoolbook L,serif;">Pastillas Juanolas. Aclaran la voz. Refrescan la boca”</span></p>
<p class="western" align="justify"><span style="font-family: Century Schoolbook L,serif;">Y un impulso lo metió de lleno en la farmacia.</span></p>
<p class="western" align="justify"><span style="font-family: Century Schoolbook L,serif;">Pepita la Pata dijo sí. Volvió a agitar el agua que los rodeaba, y en cuestión de segundos los dos salieron nadando de la Botica, salpicando a diestro y siniestro a todo aquel con quien se cruzaban en el camino. La gente del pueblo los veía nadar. Mira La Pata qué contenta está. Decían. Mírala como nada. Y mi Padre, sonreía al verla feliz. Y mi Madre sonreía al verlo feliz. Y ese río en el que nadaban, pronto dejó de ser río, para ser océano. El Océano Atlántico. Que fue el que los bañó durante el resto de sus vidas. </span></p>
<p class="western" align="justify"><span style="font-family: Century Schoolbook L,serif;">Esa no era la respuesta que buscaba mi Madre el día que supo que mi Padre se moría. Con la vida parada frente al oncólogo, Pepita la Pata tuvo miedo. Por primera vez en su vida tuvo miedo. </span></p>
<p class="western" align="justify"><span style="font-family: Century Schoolbook L,serif;">Y pensó en sus cuatro hijos. Y sintió que desde la orilla, los veía ahogarse y ella no podía hacer nada. Sintió que la fuerza del agua se los llevaba uno a uno mientras gritaban Mamá, y ella no podía hacer nada. Sintió que no quería quedarse sola. Que necesitaba a su lado al joven extranjero. Siempre. Sintió que quería volar, migrar a un clima cálido. Pero&#8230;ya estaba en un clima cálido. Y una pata, por muy Pata que sea, no puede ir en contra de la naturaleza. </span></p>
<p class="western" align="justify"><span style="font-family: Century Schoolbook L,serif;">Antes de retomar el resto de su vida, Pepita la Pata alzó su pico hacia el cielo. Ésto el oncólogo no pudo verlo, porque aún seguía inmóvil hasta que mi Madre volviese a darle al PLAY. Así que tampoco pudo oírla decir:</span></p>
<p class="western" align="justify"><span style="font-family: Century Schoolbook L,serif;">- Por favor, Señor, que al menos pueda conocer a su nieta.</span></p>
<p class="western" align="justify"><span style="font-family: Century Schoolbook L,serif;">Su voz llegó justo a donde ella quería, y el Señor con quien mi Madre se habla desde muy pequeña, paró todos los planes que tenía previstos para que mi Padre falleciese en la mesa de operaciones tres meses después. Revisó su expediente, leyó junto a la fecha 6 de septiembre de 2000 la palabra, MORIR, la tachó, y a su lado escribió, VIVIR OTRA VEZ. </span></p>
<p class="western" align="justify"><span style="font-family: Century Schoolbook L,serif;">Y eso era justo lo que iba a pasar. Pero Pepita la Pata no lo sabía, y el miedo a que su hija mayor, embarazada de cinco meses, perdiese a la niña que estaba a punto de nacer, si se enteraba de que su padre se moría, secó el caudal de su río. Sus patas tocaron tierra agrietada por la sed, y Pepita la Pata se vio en el lugar donde nunca había querido verse. </span></p>
<p class="western" align="justify"><span style="font-family: Century Schoolbook L,serif;">Pero la vida le tenía aún preparada una última sorpresa. Que no vino nadando, sino volando. Volando como una Paloma que trae un mensaje atado. </span></p>
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		<title>LA HISTORIA MÁS IMPORTANTE DE MI VIDA. CAPÍTULOS DOS Y TRES</title>
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		<pubDate>Sat, 14 Mar 2015 06:53:37 +0000</pubDate>
		<dc:creator><![CDATA[Sebastián Villanueva Macías]]></dc:creator>
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		<description><![CDATA[La pérdida de un ser querido, la muerte, la ruptura de la...]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<p>La pérdida de un ser querido, la muerte, la ruptura de la realidad, la creación a base de mucho esfuerzo de una nueva realidad, todo eso hemos vivido las personas que hemos atravesado un duelo. El duelo es ese proceso de adaptación a la pérdida. Yo quiero compartir con vosotros mi proceso, y cómo viví esos cambios que se produjeron en mí y en mi familia. Quizá estés atravesando ahora ese difícil camino. Y puede que te ayude. Esa es la finalidad de esta historia. Ayudarte para hacértelo más fácil.<br />
LA HISTORIA MÁS IMPORTANTE DE MI VIDA: CAPÍTULOS DOS Y TRES</p>
<p class="western" align="justify"><span style="font-family: Century Schoolbook L,serif;"><span style="font-size: small;">CAPÍTULO 2: UN TIBURÓN</span></span></p>
<p class="western" align="justify">”<span style="font-family: Century Schoolbook L,serif;">Papá se muere”, esas tres palabras, activaron en mi interior sorprendentes procesos fisiológicos y psicológicos, que en cuestión de diez minutos, rodearon todo mi cuerpo con una gruesa capa de piel de tiburón. Nadie se dio cuenta, sólo yo y la mariposa lo vimos claramente. De lejos, la piel de tiburón parece lisa. Pero si nos acercásemos a él, nos daríamos cuenta de que realmente está formada por millones de escamas, diminutos dientes afilados, que el tiburón usa para defenderse de los ataques de sus enemigos. Si alguien se hubiese acercado lo suficiente a mí, los habría visto. Pero nadie se acercó. Quién se hubiese atrevido a acercar a un tiburón? La mariposa posada en el tubérculo, al ver la transformación, huyó despavorida por la ventana de la cocina. Sólo entonces, pude seguir pelando la patata. Mi padre había empezado a morirse, y yo tenía que seguir pelando patatas. Porque aunque lo relamente importante de mi vida, se parase justo en ese momento, lo secundario no se paró. Y pelar patatas, desde ese mismo instante, se convirtió en algo secundario. </span></p>
<p class="western" align="justify"><span style="font-family: Century Schoolbook L,serif;">Parece imposible que a mi cuerpo le bastasen sólo unos diez minutos para recubrirse de colágeno, que es la proteína de la que está hecha la piel de tiburón, sobre todo si tenemos en cuenta que la síntesis del colágeno es un proceso intracelular. Pero, no podemos subestimar el poder de la mente de una persona herida. Y mi mente, cuando se siente herida, es muy poderosa. Recuerdo una vez de niño, tendría nueve o diez años, Sergio Postigo me bajó los pantalones en el colegio, delante de toda la clase, mientras esperábamos a entrar. Me sentí tan enfadado, que mi mente, como si de un soldador se tratase, fundió el hierro de la cremallera y la hebilla del cinturón de su pantalón. Durante tres semanas no pudo quitárselo, y cuando por fin lo hizo, tenía tantas ganas de mear, que entró en el baño, meó, meó y meó tanto, que se ahogo en su propia orina. No creo que nadie en el colegio lo echásemos de menos. Sergio Postigo no fue una gran pérdida para esta humanidad. </span></p>
<p class="western" align="justify"><span style="font-family: Century Schoolbook L,serif;">Enfundado en mi nueva piel de tiburón, me sentía invencible, incapaz de ser derrotado por ninguna criatura humana o animal. Listo para atravesar a contracorriente el Mar del Sur de China y las Indias Orientales, recientemente etiquetado como el mar más peligroso del mundo. Pero sobre todo, me sentía preparado para cargar a mis espaldas con la responsabilidad que se me vino encima. Bueno, ciertamente esta responsabilidad no se me vino encima, yo me la colgué. No sé muy bien si para no tener tiempo de pensar, o para demostrarle al mundo de lo que era capaz. Esa responsabilidad era la de que nadie en mi familia, sufriese más de lo necesario. Sobre todo Ana Belén, mi hermana pequeña. Que siempre había sido una cabra loca.</span></p>
<p class="western" align="justify">
<p class="western" align="justify"><span style="font-family: Century Schoolbook L,serif;">CAPÍTULO 3: UNA CABRA</span></p>
<p class="western" align="justify">”<span style="font-family: Century Schoolbook L,serif;">Una cabra loca” en inglés es algo parecido a un sombrerero. ”Hatter”. Porque los ingleses no se vuelven locos como las cabras, sino como los sombrereros. Y si queréis que os diga la verdad, mi hermana Ana Belén tenía más de sombrerera que de cabra loca. A ella le gustaba la costura, diseñar ropa, vestir a la gente. Cortar. Coser. Crear. Ponerse sombreros.</span></p>
<p class="western" align="justify"><span style="font-family: Century Schoolbook L,serif;">A la primera persona a la que mi hermana Ana Belén vistió fue a mi Padre. Pero ella era tan pequeña, que no creo que lo recuerde. El 14 de noviembre de 1980, mi Padre llevaba años vestido de Padre Ausente. La única presencia que parecía interesarle, era la que leía en las páginas de El País. Aquella tarde la rabia lo consumía al leer como la selección española de fútbol llevaba diez partidos consecutivos sin ganar. ”Kubala, ya van siete”, pensó mi padre, que tan sólo hacía unos meses habría apostado todos sus ahorros a que el entrenador húngaro sería quien más éxitos proporcionase al combinado rojo. 13 temporadas después, los resultados serían decepcionantes. Pero para entonces, mi Padre tendría otras cosas en las que pensar. Una de ellas, acababa de llegar al mundo. Una criatura morena y pequeña. Llena de vida y loca como una cabra con sombrero. </span></p>
<p class="western" align="justify"><span style="font-family: Century Schoolbook L,serif;">El 14 de noviembre de 1980 mi Padre, vestido de Padre Ausente, entraba en la habitación del hospital donde mi Madre había dado a luz. No consigo recordar como era su ropa, porque básicamente hacía años que no lo veía. Estaba sin estar. Como sólo saben estar los Padres Ausentes. Mi Padre se acercó a la cuna, antes incluso de acariciar la mejilla de mi Madre, o besar sus labios aún secos por el esfuerzo. Y es que mi Madre hizo un esfuerzo enorme para que esa criatura que traía al mundo, fuese la niña más bonita que jamás nadie había visto. Y lo consiguió. Y ahora tenía mucha sed. </span></p>
<p class="western" align="justify"><span style="font-family: Century Schoolbook L,serif;">Mi Padre la tomó en brazos por primera vez. Si todos los que estaban en la habitación se hubiesen callado un segundo y hubiesen prestado atención, quizá lo habrían oido. Quizá habrían oido una voz ronca y oscura que decía, ”Nunca conocerás a sus hijos”. Pero nadie la oyó. </span></p>
<p class="western" align="justify"><span style="font-family: Century Schoolbook L,serif;">Mi Padre, cuidadosamente, dejó a su hija otra vez en la cuna. Acaricó la mejilla de mi Madre, besó sus labios secos matando así la sed, y entró en el baño de la habitación del hospital. Primero desabrochó cada uno de los botones de su camisa. Tiró de ella con fuerza y la dejó caer al suelo. Se deshizo de igual forma de su pantalón y de la ropa interior. Y así, desnudo, durante un minuto aproximadamente, dejó que mi hermana, su hija, le tomase las medidas, para coserle desde la cuna el traje que nunca más volvería a quitarse, y que tan bien le sentaba. El traje de Papá. </span></p>
<p class="western" align="justify"><span style="font-family: Century Schoolbook L,serif;">Esa fue la primera vez que mi hermana Ana Belén vistió a alguien. Y ahora, después de tanto trabajo, de tanto hilvanar y deshilvanar, descansaba sobre el pecho de mi madre, que protegía a su pequeña, como una mamá pata dedicida a atravesar un río. </span></p>
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		<title>LA HISTORIA MÁS IMPORTANTE DE MI VIDA. CAPÍTULO UNO</title>
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		<pubDate>Mon, 09 Mar 2015 09:05:08 +0000</pubDate>
		<dc:creator><![CDATA[Sebastián Villanueva Macías]]></dc:creator>
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				<content:encoded><![CDATA[<p>La pérdida de un ser querido, la muerte, la ruptura de la realidad, la creación a base de mucho esfuerzo de una nueva realidad, todo eso hemos vivido las personas que hemos atravesado un duelo. El duelo es ese proceso de adaptación a la pérdida. Yo quiero compartir con vosotros mi proceso, y cómo viví esos cambios que se produjeron en mí y en mi familia. Quizá estés atravesando ahora ese difícil camino. Y puede que te ayude. Esa es la finalidad de esta historia. Ayudarte para hacértelo más fácil.</p>
<p class="western" align="justify"><span style="font-family: Century Schoolbook L,serif;">LA HSTORIA MÁS IMPORTANTE DE MI VIDA</span></p>
<p class="western" align="justify"><span style="font-family: Century Schoolbook L,serif;">PRIMERA PARTE: MI FAMILIA, UN ZOO</span></p>
<p class="western" align="justify"><span style="font-family: Century Schoolbook L,serif;">CAPÍTULO UNO: UNA MARIPOSA</span></p>
<p class="western" align="justify"><span style="font-family: Century Schoolbook L,serif;">Si voy a escribir una gran historia, y esta vez estoy decidido a hacerlo, y si pienso además que mis amigos y mi familia la leerán, quiero que hable de mi Padre. Porque mi Padre es la historia más importante de mi vida. No sólo cuando estaba vivo. También cuando se moría. Y también cuando se murió. Y también mucho después de muerto. </span></p>
<p class="western" align="justify"><span style="font-family: Century Schoolbook L,serif;">Podría inventarme otro principio. Uno que sonase mejor. Pero es que, aunque no quede muy Hipster, la historia más importante de mi vida empieza con una canción de La Oreja de Van Gogh. En el verano de 2000, mientras lo que creíamos que era una fístula se comía el cuerpo de mi Padre, Amaia Montero, Pablo Benegas, Álvaro Fuentes, Xabi San Martín y Haritz Garde, se comían las uñas, preparando el estreno de su segundo álbum, El Viaje de Copperpot, previsto para septiembre de ese mismo año. </span></p>
<p class="western" align="justify"><span style="font-family: Century Schoolbook L,serif;">En junio de 2000 las emisoras de radio ya estrenaban alguno de los sencillos que pronto serían grandes éxitos de la banda. Uno de ellos era ”Mariposa”. Ese día del mes de junio, el día que escuché esa canción por primera vez, mis padres habían ido al médico a recoger los resultados de unas pruebas, porque la fístula que estaba destrozándole el recto a mi Padre desde hacía más de veinte años, había empezado a comerse el hueso del coxis. O al menos eso creíamos en casa. Serían aproximadamente las dos de la tarde. Yo pelaba patatas para que cuando mi madre llegase a casa, se encontrase con medio trabajo hecho. Y entonces, la voz de Amaia Montero entró en la cocina. Traía una mariposa con dos alas enormes que azotaban el aire cailente del verano que entraba por todas las ventanas de mi casa. Se posó en la patata que yo pelaba en ese momento, me miró, con sus ojos rojos y encendidos y le dio la vuelta a mi vida antes de que terminara el estribillo.</span></p>
<p class="western" align="center"><span style="font-family: Century Schoolbook L,serif;">Cada fallo,<br />
cada imprecisión,</span></p>
<p class="western" align="center"><span style="font-family: Century Schoolbook L,serif;"><i>(Suena la puerta de la calle, papá y mamá están llegando)</i></span></p>
<p class="western" align="center"><span style="font-family: Century Schoolbook L,serif;">cada detalle,<br />
todo bajo control.</span></p>
<p class="western" align="center"><span style="font-family: Century Schoolbook L,serif;"><i>(Los oigo subir por las escaleras, qué raro que mamá no hable&#8230;.mamá siempre habla porque odia los silencios)</i></span></p>
<p class="western" align="center"><span style="font-family: Century Schoolbook L,serif;">Cada acierto,<br />
cada aproximación,</span></p>
<p class="western" align="center"><span style="font-family: Century Schoolbook L,serif;"><i>(Ya están arriba. Papá va hacia el baño)</i></span></p>
<p class="western" align="center"><span style="font-family: Century Schoolbook L,serif;">cada escena,<br />
bajo supervisión.</span></p>
<p class="western" align="center"><span style="font-family: Century Schoolbook L,serif;"><i>(Mamá entra en la cocina. Trae algo en las manos, serán los resultados de las pruebas. Pero, trae algo más&#8230;en su cara)</i></span></p>
<p class="western" align="center"><span style="font-family: Century Schoolbook L,serif;">La casualidad </span></p>
<p class="western" align="center"><span style="font-family: Century Schoolbook L,serif;">se puso el disfraz </span></p>
<p class="western" align="center"><span style="font-family: Century Schoolbook L,serif;"><i>(Qué te pasa, mamá?)</i></span></p>
<p class="western" align="center"><span style="font-family: Century Schoolbook L,serif;">de una mariposa </span></p>
<p class="western" align="center"><span style="font-family: Century Schoolbook L,serif;"><i>(Lo de tu padre no es una fístula)</i></span></p>
<p class="western" align="center"><span style="font-family: Century Schoolbook L,serif;">que al vuelo se entregó </span></p>
<p class="western" align="center"><span style="font-family: Century Schoolbook L,serif;"><i>(Y qué es?)</i></span></p>
<p class="western" align="center"><span style="font-family: Century Schoolbook L,serif;">soltando su efecto </span></p>
<p class="western" align="center"><span style="font-family: Century Schoolbook L,serif;"><i>(Es cáncer de colon)</i></span></p>
<p class="western" align="center"><span style="font-family: Century Schoolbook L,serif;">nos acarició.</span></p>
<p class="western" align="justify">
<p class="western" align="justify"><span style="font-family: Century Schoolbook L,serif;">Ese estribillo se metió en mi cabeza. Sentí que se reía de mí. Yo miraba fijamente una patata. Sobre ella una mariposa posaba sus ojos en mí. Y pensé, por primera vez en mi vida pensé: Papá se muere. </span></p>
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