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	<title>Sebastián Villanueva &#187; Sebastián Villanueva |  &#187; psykolog</title>
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	<description>Psicólogo Legitimado &#124; Terapia Gestalt</description>
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		<title>LA HISTORIA MÁS IMPORTANTE DE MI VIDA: CAPÍTULOS CINCO Y SEIS</title>
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		<pubDate>Mon, 23 Mar 2015 06:25:19 +0000</pubDate>
		<dc:creator><![CDATA[Sebastián Villanueva Macías]]></dc:creator>
				<category><![CDATA[Español]]></category>
		<category><![CDATA[Psicología]]></category>
		<category><![CDATA[duelo]]></category>
		<category><![CDATA[psykolog]]></category>

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		<description><![CDATA[La pérdida de un ser querido, la muerte, la ruptura de la...]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<p class="western" align="justify"><span style="font-family: Century Schoolbook L,serif;">La pérdida de un ser querido, la muerte, la ruptura de la realidad, la creación a base de mucho esfuerzo de una nueva realidad, todo eso hemos vivido las personas que hemos atravesado un duelo. El duelo es ese proceso de adaptación a la pérdida. Yo quiero compartir con vosotros mi proceso, y cómo viví esos cambios que se produjeron en mí y en mi familia. Quizá estés atravesando ahora ese difícil camino. Y puede que te ayude. Esa es la finalidad de esta historia. Ayudarte para hacértelo más fácil</span></p>
<p class="western" align="justify"><span style="font-family: Century Schoolbook L,serif;">CAPÍTULO CINCO: UNA PALOMA</span></p>
<p class="western" align="justify"><span style="font-family: Century Schoolbook L,serif;">Un mensaje atado puede traer buenas o malas noticias. Para mi hermana Paloma, cualquier noticia era siempre buena. Porque mi hermana Paloma hace buenas las noticias malas. Muchas veces en mi vida me he preguntado cuándo empezaría mi hermana a guardar buenas noticias. </span></p>
<p class="western" align="justify"><span style="font-family: Century Schoolbook L,serif;">Éramos muy pequeños. Aún sólo habíamos nacido ella y yo. Vivíamos en un modesto piso de 70 metros cuadrados. Pero yo era tan feliz, que creía vivir en un castillo enorme, rodeado de un hermoso jardín donde solíamos jugar al escondite. A veces jugaba solo. Y nadie me encontraba. Nadie me buscaba tampoco. Ni yo mismo era capaz de encontrarme. A veces me perdía. Quizá aún siga allí. Perdido en el jardín del castillo donde creía estar viviendo. </span></p>
<p class="western" align="justify"><span style="font-family: Century Schoolbook L,serif;">Éramos muy pequeños Paloma y yo. Los viernes eran siempre una fiesta. Papá pasaba toda la semana trabajando fuera, y los viernes por la tarde volvía cargado de regalos. Yo no quería regalos. Quería tocar sus manos y oler su barba. </span></p>
<p class="western" align="justify"><span style="font-family: Century Schoolbook L,serif;">Mi hermana Paloma volaba por el salón moviendo la lámpara que alumbraba la mesa donde yo dibujaba. Yo no sabía volar. Por eso la única forma que tenía de verlo todo desde arriba, era esperar a los viernes por la tarde cuando mi Padre me alzaba en brazos. Y tocaba sus manos. Y olía su barba. </span></p>
<p class="western" align="justify"><span style="font-family: Century Schoolbook L,serif;">Aunque yo miraba muchas veces a mi hermana volar, aunque pareciese que yo deseaba ser como ella, en silencio, yo guardaba un secreto. Un secreto que estoy a punto de no llevarme a la tumba. Yo era el niño más feliz del mundo cuando ella volaba sobre nuestras cabezas, sobre la de mi Padre y la mía, meintras mi Madre cantaba una copla en la cocina, y las manos de mi Padre me enseñaban que para que todas las piezas de un puzzle encajen, uno debe tener paciencia. Y yo pensaba, sigue volando, Paloma, no bajes nunca, sigue volando. </span></p>
<p class="western" align="justify"><span style="font-family: Century Schoolbook L,serif;">Yo sé que ella me oía. Porque muchas veces en nuestras vida hemos hablado sin hablar.</span></p>
<p class="western" align="justify"><span style="font-family: Century Schoolbook L,serif;">El vuelo de mi hermana Paloma tampoco se detuvo el día que lloraba, pensando eso de Papá se muere. La Paloma rabiosa vio sus lágrimas caer y hacer un charco entre sus patas, y se alzó otra vez con fuerza. No había lámpara en este salón ni puzzle bajo sus alas. Ya no había barba que oler ni escondite donde refugiarse de mí. Ella fue la única capaz de verlo todo desde arriba. Y desde arriba pudo ver también un toro, un toro bravo que pastaba y agitaba su arboladura mientras pensaba, no, no, no y no. Ese toro era mi hermano pequeño. </span></p>
<p class="western" align="justify">
<p class="western" align="justify"><span style="font-family: Century Schoolbook L,serif;">CAPÍTULO SEIS: UN TORO</span></p>
<p class="western" align="justify"><span style="font-family: Century Schoolbook L,serif;">Mi hermano pequeño es grande. Él es más grande que yo. Él sabe montar en bici. Montar en moto. Jugar al fútbol. Él es un toro que sabe torear. </span></p>
<p class="western" align="justify"><span style="font-family: Century Schoolbook L,serif;">Mi hermano pequeño era un toro bronco, que coceaba ante cualquier amenaza. Algo ocurrió entonces, que en esta historia que se nos vino encima aquel mes de junio, se amosquiló tanto en la barrera, que por primera vez en su vida temió ser lidiado.</span></p>
<p class="western" align="justify"><span style="font-family: Century Schoolbook L,serif;">Yo muchas veces le tuve miedo, y es que sus embestidas hacían grande mi cobardía. Por eso yo, muchas veces, lo citaba desde muy cerca, para que así éstas fuesen más cortas, y justo ahí, calarle la puya en el lomo. </span></p>
<p class="western" align="justify"><span style="font-family: Century Schoolbook L,serif;">Él se defendía con bravura, piteaba y hocicaba a la vez. Y yo, casi siempre, retrocedía. Porque yo, yo no sabía torear. </span></p>
<p class="western" align="justify"><span style="font-family: Century Schoolbook L,serif;">El día que mi Padre empezó a morirse, mi hermano, que tiene la suerte de llamarse como él, José María, recibió una estocada delantera en la cerviz. No vio llegar al matador. Ninguno lo vimos llegar. </span></p>
<p class="western" align="justify"><span style="font-family: Century Schoolbook L,serif;">La plaza hervía al ver al torero alzarse victorioso ante la batalla. El estoque, profundo y sin el más mínimo atisbo de misericordia, enfriaba la sangre de mi hermano que, derrengado, inclinaba sus patas delanteras en una suerte de despedida. </span></p>
<p class="western" align="justify"><span style="font-family: Century Schoolbook L,serif;">El día que mi Padre empezó a morirse, el toro que era mi hermano, cabeceó con fuerza y vio justo en frente de él una Pata, una Paloma, un Tiburón y una Cabra. Ya no eran una presencia amenazadora. Ya no hacía falta hacernos creer que era el más fuerte. El lomo del toro que era mi hermano, cicatrizó milagrosamente, dejando el estoque dentro, para que la herida no se le olvidase nunca. Para que ahora sí, todos tuvieran una razón para indultarlo. Porque su lucha en esta corrida, fue la priemra lucha con sentido que sus astas acometían. </span></p>
<p class="western" align="justify"><span style="font-family: Century Schoolbook L,serif;">Entonces ahí, en ese ruedo, una Pata, una Paloma, un Tiburón, un Toro y una Cabra, se miraron a los ojos. </span></p>
<p class="western" align="justify"><span style="font-family: Century Schoolbook L,serif;">La Cabra dijo, yo no voy. Tú vienes, dijo el Tiburón.</span></p>
<p class="western" align="justify"><span style="font-family: Century Schoolbook L,serif;">La Pata dijo, voy yo sola. Vamos todos, dijo el Tiburón.</span></p>
<p class="western" align="justify"><span style="font-family: Century Schoolbook L,serif;">El Toro dijo, a qué esperamos? A estar listos, dijo el Tiburón.</span></p>
<p class="western" align="justify"><span style="font-family: Century Schoolbook L,serif;">La Paloma dijo, venga, sin miedo. Llevemos también el miedo, dijo el Tiburón.</span></p>
<p class="western" align="justify"><span style="font-family: Century Schoolbook L,serif;">Yo no lo dije, porque nadie querría haberlo escuchado. Yo no lo dije, porque no hubiese hecho ningún bien diciéndolo. Yo no lo dije, porque pensé que todos ya lo pensaban. Yo no lo dije, me lo tragué. Me lo tragué sin masticarlo y se hizo tan grande dentro de mí, que desde ese mismo momento, siempre necesité cuidar mi estómago a base de ranitidina. Yo no lo dije, pero lo pensé. Yo en ese momento pensé: Estamos perdidos.</span></p>
<p class="western" align="justify"><span style="font-family: Century Schoolbook L,serif;">Las puertas del redil se abrieron. Había una inmensidad oscura detrás. Una Pata, una Paloma, un Tiburón, un Toro y una Cabra, salieron en busca del animal que les había dado la vida. </span></p>
<p class="western" align="justify"><span style="font-family: Century Schoolbook L,serif;">Un León.</span></p>
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