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	<title>Sebastián Villanueva &#187; Sebastián Villanueva |  &#187; spanska psykolog</title>
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	<description>Psicólogo Legitimado &#124; Terapia Gestalt</description>
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		<title>Y ESO DE LA GESTALT, QUÉ ES?</title>
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		<pubDate>Tue, 31 Mar 2015 10:44:13 +0000</pubDate>
		<dc:creator><![CDATA[Sebastián Villanueva Macías]]></dc:creator>
				<category><![CDATA[Español]]></category>
		<category><![CDATA[Psicología]]></category>
		<category><![CDATA[Gestalt]]></category>
		<category><![CDATA[spanska psykolog]]></category>

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		<description><![CDATA[Muchos de mis pacientes me hacen esa pregunta en la primera consulta....]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<p>Muchos de mis pacientes me hacen esa pregunta en la primera consulta. Qué es eso de la Gestalt? Yo, casi siempre, sonrío por dentro (y a veces por fuera) porque recuerdo haberme preguntado eso mismo muchos añas atrás. Justo cuando decidí emprender este viaje hacia lo más profundo de mí mismo. Eso es para mi Gestalt.</p>
<p>Gestalt es tomar la responsabilidad de nuestras vidas.</p>
<p>Gestalt es aprender a decidir.</p>
<p>Gestalt es recuperar el amor hacia uno mismo.</p>
<p>Gestalt es permitirte ver al otro.</p>
<p>Gestalt es crecer.</p>
<p>No es fácil encontrar archivos sobre Gestalt que me gusten del todo, pero este video es muy sencillo y sin pretensiones. Y creo que esxplica muy claramente lo que quiere decir Gestalt.</p>
<p>Quieres saber más?</p>
<p>Soy todo oídos!!!!!</p>
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		<title>LA HISTORIA MÁS IMPORTANTE DE MI VIDA. CAPÍTULO SIETE: CARTA DE PAPÁ</title>
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		<pubDate>Thu, 26 Mar 2015 11:34:02 +0000</pubDate>
		<dc:creator><![CDATA[Sebastián Villanueva Macías]]></dc:creator>
				<category><![CDATA[Español]]></category>
		<category><![CDATA[Psicología]]></category>
		<category><![CDATA[duelo]]></category>
		<category><![CDATA[spanska psykolog]]></category>

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		<description><![CDATA[La pérdida de un ser querido, la muerte, la ruptura de la...]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<p><span style="font-family: Century Schoolbook L,serif;">La pérdida de un ser querido, la muerte, la ruptura de la realidad, la creación a base de mucho esfuerzo de una nueva realidad, todo eso hemos vivido las personas que hemos atravesado un duelo. El duelo es ese proceso de adaptación a la pérdida. Yo quiero compartir con vosotros mi proceso, y cómo viví esos cambios que se produjeron en mí y en mi familia. Quizá estés atravesando ahora ese difícil camino. Y puede que te ayude. Esa es la finalidad de esta historia. Ayudarte para hacértelo más fácil.</span></p>
<p>LA HISTORIA MÁS IMPORTANTE DE MI VIDA: CAPÍTULO SIETE. CARTA DE PAPÁ</p>
<p class="western" align="justify"><span style="font-family: Century Schoolbook L,serif;"><i>Hola, hijo:</i></span></p>
<p class="western" align="justify">”<span style="font-family: Century Schoolbook L,serif;"><i>Hola, hijo”. Sé que hubieses querido que empezara la carta con un ”Hola, Sebastián”, porque te gusta como suena tu nombre cuando yo lo digo, verdad? Pero después de haber estado pensando durante un buen rato cómo dirigirme a ti, me ha salido eso de ”Hola, hijo”. Claro que, también hay que matizar lo de ”un buen rato”. Porque aquí, en este NO-espacio en el que NO-vivo, éso del tiempo es muy relativo. Y yo los ratos, los mido gracias a mi memoria. Eso aún no me falla.</i></span></p>
<p class="western" align="justify"><span style="font-family: Century Schoolbook L,serif;"><i>Para mi un rato es el tiempo que pásabamos ordenando las 5 mil piezas del puzzle que nos habíamos decidio a empezar por fin. Ya sabes que antes de nada, hay que seleccionarlas bien. Lo primero que vamos a hacer es buscar las piezas de las cuatro esquinas y las de los bordes. No necesitamos pensar en nada más. Ni en colores, ni en formas, ni si encajan o no. Basta con separarlas todas. Paciencia, ten paciencia, que la paciencia es la madre de todas las ciencias. Y sobre todo, concéntrate. Sólo tienes que prestar atención a los bordes lisos. Olvídate de los demás. Es lo que los psicólogos llamáis Atención Selectiva. Me equivoco? He aprendido mucho de psicología escuchándote estos últimos once años. </i></span></p>
<p class="western" align="justify"><span style="font-family: Century Schoolbook L,serif;"><i>Separar todas las piezas nos llevaba ”un buen rato”, te acuerdas? </i></span></p>
<p class="western" align="justify"><span style="font-family: Century Schoolbook L,serif;"><i>Pues ”un buen rato” fue lo que me llevó a mí a decidirme cómo empezar esta carta. ”Hola, hijo”. </i></span></p>
<p class="western" align="justify"><span style="font-family: Century Schoolbook L,serif;"><i>Y ahora, cuando debería cobrar sentido decir eso de, lo más difícil es empezar, ocurre todo lo contrario. Lo más fácil ha sido empezar. Seguir es lo difícil. </i></span></p>
<p class="western" align="justify"><span style="font-family: Century Schoolbook L,serif;"><i>Y sé que para ti también, seguir fue lo difícil.</i></span></p>
<p class="western" align="justify"><span style="font-family: Century Schoolbook L,serif;"><i>Por eso me acerqué muchas veces a ti. No todas las que me necesitabas. Pero sí muchas. La primera, mi primer Día de Reyes sin vosotros. </i></span></p>
<p class="western" align="justify"><span style="font-family: Century Schoolbook L,serif;"><i>Habíais llenado el salón de cajas, golosinas, cartas e ilusión. Habías hecho creer a los niños, que el Rey Mago acaba de saltar por la ventana, y enganchaste a una reja la capa de un viejo disfraz que mamá guardaba en la azotea. Los niños no dudaron que fuera verdad. Siempre han creído en la magia gracias a ti. Justo que abriste la puerta del salón y los viste correr hacia la ventana, por si aún estaban a tiempo de ver al Rey saltar, yo pasé detrás de ti. Me sentiste? Fui un soplo. Un soplo frío. </i></span></p>
<p class="western" align="justify"><span style="font-family: Century Schoolbook L,serif;"><i>Yo creí que me habías sentido. Porque miraste hacia atrás y no encontraste nada. </i></span></p>
<p class="western" align="justify"><span style="font-family: Century Schoolbook L,serif;"><i>Los niños gritaban mientras abrían sus regalos. Había cientos, qué digo cientos, miles!!! Cuánto más reían ellos, más grande se te hacía el agujero en la barriga. Era tan grande, que si en ese momento los niños hubiesen mirado hacia ti, habrían podido ver a tu madre, su abuela, a través de él, limpiándose las lágrimas en el pasillo. </i></span></p>
<p class="western" align="justify"><span style="font-family: Century Schoolbook L,serif;"><i>Entonces yo, desde este NO-espacio en el que NO-vivo, soplé con fuerza hacia el agujero, y mi aliento lo cerró un segundo antes de que el dolor hiciese que te desmayases. Entonces, pudiste reir y jugar con los niños. </i></span></p>
<p class="western" align="justify"><span style="font-family: Century Schoolbook L,serif;"><i>Esa fue la primera vez que fui a visitarte. Y también la primera vez que supe que desde aquí, podía seguir haciendo cosas por ti. </i></span></p>
<p class="western" align="justify"><span style="font-family: Century Schoolbook L,serif;"><i>La última tarde de mi vida, la tarde que viniste a despedirte de mí, yo no quería morirme. No sólo no quería morirme, es que no quería dejar de estar vivo. Hay una diferencia enorme, que espero que tardes mucho en descubrir. Esa tarde te sentaste junto a la cama del hospital donde yo ya casi no podía respirar. Sé que el olor que salía de mi boca era el olor más desagradable que habías olido nunca. El olor de mi estómago podrido. De la muerte. Que era lo único que quedaba de mí. Acercaste tu cara a mi oído izquierdo. Tomaste mi mano, y dijiste:</i></span></p>
<p class="western" align="justify"><span style="font-family: Century Schoolbook L,serif;"><i>- Papá, deja de luchar. Todo está bien. Todo va a estar bien.</i></span></p>
<p class="western" align="justify"><span style="font-family: Century Schoolbook L,serif;"><i>Yo quería creerte, Hijo. Tenía tantas ganas de creerte. Pero no podía. </i></span></p>
<p class="western" align="justify"><span style="font-family: Century Schoolbook L,serif;"><i>- Papá. No sigas luchando más. Ya has luchado todo lo que has podido. Y nosotros estamos muy contentos por ti. Y muy orgullosos de todo lo que has hecho por nosotros.</i></span></p>
<p class="western" align="justify"><span style="font-family: Century Schoolbook L,serif;"><i>Hijo. Yo quería creerte. Tenía tantas ganas de creerte.</i></span></p>
<p class="western" align="justify"><span style="font-family: Century Schoolbook L,serif;"><i>- Papá. Ahora vas a cerrar los ojos y vas a descansar, de acuerdo? No sé si hay una luz al fondo de un pasillo. No sé si ves o no algo. Pero sea lo que sea que estés viendo, Papá, ve hacia allá. Porque, sabes una cosa? Justo detrás está Mamá esperándote. Y estamos también nosotros, Papá, tus hijos. Y ya no hará frío ni estarás solo, Papá.</i></span></p>
<p class="western" align="justify"><span style="font-family: Century Schoolbook L,serif;"><i>Y entonces te creí. Porque nadie que te conozca puede no creer en la magia. </i></span></p>
<p class="western" align="justify"><span style="font-family: Century Schoolbook L,serif;"><i>- Te quiero, Papá.</i></span></p>
<p class="western" align="justify"><span style="font-family: Century Schoolbook L,serif;"><i>Eso fue lo último que me dijiste. Creías que no lo había oido? Sí lo oí, Hijo. Lo oí perfectamente. Te vi salir llorando, y quise correr detrás y decirte ”Espérate, Hijo mío. Dame un abrazo!!!!” Pero no pude hacerlo. La muerte en mi estómago pesaba mucho y mi cuerpo era ya demasiado pequeño para llevarme hacia ti. </i></span></p>
<p class="western" align="justify"><span style="font-family: Century Schoolbook L,serif;"><i>Te vi salir llorando.</i></span></p>
<p class="western" align="justify"><span style="font-family: Century Schoolbook L,serif;"><i>Supe que esa era la última vez que te veía. Y lloré. Lloré como llora alguien que está podrido por dentro. Esperé que tu Madre volviera a la habitacióny me dispuse a pasar mi última noche con ella. Te hice caso, Hijo mío. No luché. Dejé que tu madre me agarrase fuerte la mano. Ella no quería perderme. Ella quería que yo me quedase aunque fuese siempre así, podrido y sin carne. Ella pensaba ”No me dejes sola. Por favor, no me dejes sola”</i></span></p>
<p class="western" align="justify"><span style="font-family: Century Schoolbook L,serif;"><i>Pero yo sabía que no estaba sola. Lo sabía porque tú me lo habías dicho. Lo sabía porque te creí. Lo sabía porque te oí cuando me lo susurratse al oído. Yo sabía que no estaba sola.</i></span></p>
<p class="western" align="justify"><span style="font-family: Century Schoolbook L,serif;"><i>Por eso no tuve miedo de irme. </i></span></p>
<p class="western" align="justify"><span style="font-family: Century Schoolbook L,serif;"><i>Fue un poquito más fácil cuando supe que ya no había que luchar. Fue un poquito más fácil, cuando sentí que queríais dejarme ir. </i></span></p>
<p class="western" align="justify"><span style="font-family: Century Schoolbook L,serif;"><i>Lástima que no pude salir detrás de ti la tarde que viniste a despedirte de mí, porque te hubiese abrazado fuerte y te hubise dicho, ”Te quiero, Sebastián”. </i></span></p>
<p>FIN DE LA PRIMERA PARTE</p>
<p>&nbsp;</p>
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		<title>LA HISTORIA MÁS IMPORTANTE DE MI VIDA. CAPÍTULOS DOS Y TRES</title>
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		<pubDate>Sat, 14 Mar 2015 06:53:37 +0000</pubDate>
		<dc:creator><![CDATA[Sebastián Villanueva Macías]]></dc:creator>
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				<content:encoded><![CDATA[<p>La pérdida de un ser querido, la muerte, la ruptura de la realidad, la creación a base de mucho esfuerzo de una nueva realidad, todo eso hemos vivido las personas que hemos atravesado un duelo. El duelo es ese proceso de adaptación a la pérdida. Yo quiero compartir con vosotros mi proceso, y cómo viví esos cambios que se produjeron en mí y en mi familia. Quizá estés atravesando ahora ese difícil camino. Y puede que te ayude. Esa es la finalidad de esta historia. Ayudarte para hacértelo más fácil.<br />
LA HISTORIA MÁS IMPORTANTE DE MI VIDA: CAPÍTULOS DOS Y TRES</p>
<p class="western" align="justify"><span style="font-family: Century Schoolbook L,serif;"><span style="font-size: small;">CAPÍTULO 2: UN TIBURÓN</span></span></p>
<p class="western" align="justify">”<span style="font-family: Century Schoolbook L,serif;">Papá se muere”, esas tres palabras, activaron en mi interior sorprendentes procesos fisiológicos y psicológicos, que en cuestión de diez minutos, rodearon todo mi cuerpo con una gruesa capa de piel de tiburón. Nadie se dio cuenta, sólo yo y la mariposa lo vimos claramente. De lejos, la piel de tiburón parece lisa. Pero si nos acercásemos a él, nos daríamos cuenta de que realmente está formada por millones de escamas, diminutos dientes afilados, que el tiburón usa para defenderse de los ataques de sus enemigos. Si alguien se hubiese acercado lo suficiente a mí, los habría visto. Pero nadie se acercó. Quién se hubiese atrevido a acercar a un tiburón? La mariposa posada en el tubérculo, al ver la transformación, huyó despavorida por la ventana de la cocina. Sólo entonces, pude seguir pelando la patata. Mi padre había empezado a morirse, y yo tenía que seguir pelando patatas. Porque aunque lo relamente importante de mi vida, se parase justo en ese momento, lo secundario no se paró. Y pelar patatas, desde ese mismo instante, se convirtió en algo secundario. </span></p>
<p class="western" align="justify"><span style="font-family: Century Schoolbook L,serif;">Parece imposible que a mi cuerpo le bastasen sólo unos diez minutos para recubrirse de colágeno, que es la proteína de la que está hecha la piel de tiburón, sobre todo si tenemos en cuenta que la síntesis del colágeno es un proceso intracelular. Pero, no podemos subestimar el poder de la mente de una persona herida. Y mi mente, cuando se siente herida, es muy poderosa. Recuerdo una vez de niño, tendría nueve o diez años, Sergio Postigo me bajó los pantalones en el colegio, delante de toda la clase, mientras esperábamos a entrar. Me sentí tan enfadado, que mi mente, como si de un soldador se tratase, fundió el hierro de la cremallera y la hebilla del cinturón de su pantalón. Durante tres semanas no pudo quitárselo, y cuando por fin lo hizo, tenía tantas ganas de mear, que entró en el baño, meó, meó y meó tanto, que se ahogo en su propia orina. No creo que nadie en el colegio lo echásemos de menos. Sergio Postigo no fue una gran pérdida para esta humanidad. </span></p>
<p class="western" align="justify"><span style="font-family: Century Schoolbook L,serif;">Enfundado en mi nueva piel de tiburón, me sentía invencible, incapaz de ser derrotado por ninguna criatura humana o animal. Listo para atravesar a contracorriente el Mar del Sur de China y las Indias Orientales, recientemente etiquetado como el mar más peligroso del mundo. Pero sobre todo, me sentía preparado para cargar a mis espaldas con la responsabilidad que se me vino encima. Bueno, ciertamente esta responsabilidad no se me vino encima, yo me la colgué. No sé muy bien si para no tener tiempo de pensar, o para demostrarle al mundo de lo que era capaz. Esa responsabilidad era la de que nadie en mi familia, sufriese más de lo necesario. Sobre todo Ana Belén, mi hermana pequeña. Que siempre había sido una cabra loca.</span></p>
<p class="western" align="justify">
<p class="western" align="justify"><span style="font-family: Century Schoolbook L,serif;">CAPÍTULO 3: UNA CABRA</span></p>
<p class="western" align="justify">”<span style="font-family: Century Schoolbook L,serif;">Una cabra loca” en inglés es algo parecido a un sombrerero. ”Hatter”. Porque los ingleses no se vuelven locos como las cabras, sino como los sombrereros. Y si queréis que os diga la verdad, mi hermana Ana Belén tenía más de sombrerera que de cabra loca. A ella le gustaba la costura, diseñar ropa, vestir a la gente. Cortar. Coser. Crear. Ponerse sombreros.</span></p>
<p class="western" align="justify"><span style="font-family: Century Schoolbook L,serif;">A la primera persona a la que mi hermana Ana Belén vistió fue a mi Padre. Pero ella era tan pequeña, que no creo que lo recuerde. El 14 de noviembre de 1980, mi Padre llevaba años vestido de Padre Ausente. La única presencia que parecía interesarle, era la que leía en las páginas de El País. Aquella tarde la rabia lo consumía al leer como la selección española de fútbol llevaba diez partidos consecutivos sin ganar. ”Kubala, ya van siete”, pensó mi padre, que tan sólo hacía unos meses habría apostado todos sus ahorros a que el entrenador húngaro sería quien más éxitos proporcionase al combinado rojo. 13 temporadas después, los resultados serían decepcionantes. Pero para entonces, mi Padre tendría otras cosas en las que pensar. Una de ellas, acababa de llegar al mundo. Una criatura morena y pequeña. Llena de vida y loca como una cabra con sombrero. </span></p>
<p class="western" align="justify"><span style="font-family: Century Schoolbook L,serif;">El 14 de noviembre de 1980 mi Padre, vestido de Padre Ausente, entraba en la habitación del hospital donde mi Madre había dado a luz. No consigo recordar como era su ropa, porque básicamente hacía años que no lo veía. Estaba sin estar. Como sólo saben estar los Padres Ausentes. Mi Padre se acercó a la cuna, antes incluso de acariciar la mejilla de mi Madre, o besar sus labios aún secos por el esfuerzo. Y es que mi Madre hizo un esfuerzo enorme para que esa criatura que traía al mundo, fuese la niña más bonita que jamás nadie había visto. Y lo consiguió. Y ahora tenía mucha sed. </span></p>
<p class="western" align="justify"><span style="font-family: Century Schoolbook L,serif;">Mi Padre la tomó en brazos por primera vez. Si todos los que estaban en la habitación se hubiesen callado un segundo y hubiesen prestado atención, quizá lo habrían oido. Quizá habrían oido una voz ronca y oscura que decía, ”Nunca conocerás a sus hijos”. Pero nadie la oyó. </span></p>
<p class="western" align="justify"><span style="font-family: Century Schoolbook L,serif;">Mi Padre, cuidadosamente, dejó a su hija otra vez en la cuna. Acaricó la mejilla de mi Madre, besó sus labios secos matando así la sed, y entró en el baño de la habitación del hospital. Primero desabrochó cada uno de los botones de su camisa. Tiró de ella con fuerza y la dejó caer al suelo. Se deshizo de igual forma de su pantalón y de la ropa interior. Y así, desnudo, durante un minuto aproximadamente, dejó que mi hermana, su hija, le tomase las medidas, para coserle desde la cuna el traje que nunca más volvería a quitarse, y que tan bien le sentaba. El traje de Papá. </span></p>
<p class="western" align="justify"><span style="font-family: Century Schoolbook L,serif;">Esa fue la primera vez que mi hermana Ana Belén vistió a alguien. Y ahora, después de tanto trabajo, de tanto hilvanar y deshilvanar, descansaba sobre el pecho de mi madre, que protegía a su pequeña, como una mamá pata dedicida a atravesar un río. </span></p>
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